◙ Tema expuesto por el pr Patricio Díaz…
Cuando pensamos en servir al Señor, a veces imaginamos inmediatamente a un pastor, un misionero o alguien que tiene una función visible dentro de la iglesia.
Pero al mirar la vida de Priscila y Aquila, encuentro algo mucho más cercano.
Encuentro un matrimonio común que trabajaba, tenía una casa, se trasladaba de una ciudad a otra y enfrentaba las circunstancias propias de su tiempo. Sin embargo, había algo que atravesaba toda su vida: estaban dispuestos a servir juntos a Cristo.

Descarga Gratis a tu correo
E-Book Cómo Servir Juntos
Nuestro matrimonio también puede tener una misión
En Romanos 16, Pablo los llama sus “colaboradores en Cristo Jesús”.
Me llama la atención esa expresión.
No los recuerda simplemente como amigos o como personas con quienes compartió el oficio de fabricar tiendas. Los reconoce por el trabajo que realizaron juntos en Cristo.
Eso me lleva a preguntarme algo:
¿Para qué estamos juntos como matrimonio?
Por supuesto que queremos construir una familia, trabajar, criar a nuestros hijos y disfrutar de nuestra vida juntos. Pero nuestro matrimonio también puede convertirse en un instrumento que Dios utilice para bendecir a otras personas.
No tenemos que separar toda nuestra vida
Muchas veces dividimos nuestra vida en tres áreas: familia, trabajo y ministerio.
Y después decimos que una nos impide hacer la otra.
Priscila y Aquila nos muestran algo diferente.
Trabajaron con Pablo, compartieron su casa con él y siguieron sirviendo mientras desarrollaban su oficio.
La pregunta entonces no es solamente cuánto tiempo tenemos disponible.
También podemos preguntarnos:
¿Cómo puede Dios usar lo que ya hacemos?
Nuestro trabajo, nuestra mesa, nuestro hogar, nuestras relaciones y nuestras capacidades pueden convertirse en oportunidades para servir.
Servir también significa invertir en personas
Hay un momento de Hechos 18 que me parece especialmente valioso.
Apolos era un hombre elocuente y conocedor de las Escrituras, pero su comprensión todavía estaba incompleta.
Cuando Priscila y Aquila lo escucharon, no lo avergonzaron públicamente.
Lo tomaron aparte y juntos le explicaron con mayor precisión el camino de Dios.
Ahí vemos a un matrimonio trabajando como equipo.
Podemos enseñar juntos. Podemos aconsejar. Podemos acompañar a alguien que está sufriendo. Podemos abrir nuestra casa, orar con otras personas o simplemente dedicarles tiempo.
Porque servir no consiste solamente en organizar actividades.
Muchas veces servir significa invertir tiempo en personas.
¿Está nuestra casa disponible para Dios?
Priscila y Aquila tuvieron una iglesia en su casa.
No todos tendremos algo parecido, pero sí podemos hacernos una pregunta más sencilla:
¿Cómo puede Dios usar nuestro hogar?
Quizás podemos invitar a alguien a tomar un café, estudiar la Biblia, escuchar a un matrimonio que está pasando por un momento difícil o recibir a una persona que necesita compañía.
No necesitamos una casa perfecta.
A veces bastan una mesa, un poco de agua caliente y disposición para escuchar.
Disposición y disponibilidad
Hay dos palabras que quiero dejar al final: disposición y disponibilidad.
Podemos tener deseos de servir, pero si nunca hacemos espacio, esos deseos terminan quedándose solamente en buenas intenciones.
Por eso vale la pena conversar como matrimonio y preguntarnos:
¿Qué personas están siendo fortalecidas espiritualmente a través de nosotros?
Dios ya nos ha dado tiempo, capacidades, experiencias, relaciones y recursos.
La pregunta es qué estamos haciendo con ellos.
Te invito a ver la charla completa “Cómo servir juntos a Dios”, compartida por el pastor Patricio Díaz, y a mirar con atención la historia de Priscila y Aquila.
Quizás descubramos que Dios puede usar nuestro matrimonio mucho más de lo que hemos pensado.






