Un resumen de la predicación de Francisco Linares, director CILTA.
Tenemos la Biblia. Podemos escoger entre diferentes traducciones, formatos y ediciones. Podemos leerla desde un libro, un teléfono o una computadora. Incluso podemos comparar varias versiones en segundos.
Pero existe una pregunta que probablemente pocas veces nos hacemos:
¿Todos los pueblos pueden hacer lo mismo con la Biblia?
Esta pregunta fue uno de los grandes desafíos planteados por Francisco Linares durante su predicación basada en Apocalipsis 1:3, donde se declara bienaventurado al que lee, escucha y guarda las palabras de esta profecía.
La Biblia debe estar al alcance de todos
Francisco explicó que, en el contexto original de Apocalipsis, el acto de “leer” no necesariamente tenía el sentido individual que hoy le damos. En una época en que los manuscritos eran escasos y muchas personas no sabían leer, alguien podía leer las Escrituras para que otros las escucharan.
Por eso, la bienaventuranza también alcanza a quienes hacen posible que otros tengan acceso a la Palabra de Dios. Esta perspectiva conecta directamente con el trabajo de traducción bíblica: hacer que las Escrituras puedan ser escuchadas y comprendidas por personas en su propia lengua.
¿Por qué necesitamos traducciones de la Biblia?
Para quienes hablamos español, tener diferentes traducciones de la Biblia puede parecernos algo completamente normal. Podemos escoger entre distintas versiones según nuestra necesidad o preferencia.
Pero para muchos pueblos, tener las Escrituras en su lengua del corazón todavía representa un enorme desafío.
Francisco compartió que existen miles de lenguas vivas en el mundo y que todavía hay comunidades que necesitan proyectos de traducción, alfabetización y capacitación de personas que puedan trabajar directamente con sus propias lenguas.
No se trata solamente de palabras
Uno de los puntos más interesantes de la prédica es comprender que hablar una segunda lengua no significa necesariamente experimentar el mensaje con la misma profundidad.
Francisco utiliza un ejemplo sencillo: así como podemos comprender parcialmente una lengua cercana al español, eso no significa que escuchar la Palabra de Dios en ella produzca exactamente el mismo impacto que escucharla en nuestra propia lengua.
La lengua comunica mucho más que información. También comunica identidad, cultura y pertenencia.
Cuando la Palabra llega al corazón
La predicación cobra especial fuerza a través de las historias de personas involucradas en proyectos de traducción bíblica.
Una de ellas es Edén, un hombre indígena del Perú que experimentó un profundo proceso espiritual al descubrir que su propia lengua y su pueblo también tenían un lugar dentro del propósito de Dios. Al escuchar acerca de una multitud formada por personas de diferentes naciones, pueblos, tribus y lenguas, comprendió que su identidad no era algo que debía esconder.
Más adelante, Edén respondió al llamado misionero diciendo: “Heme aquí, envíame a mí”, involucrándose posteriormente en diferentes tareas relacionadas con la traducción y comunicación del Evangelio.
Una misión que todavía continúa
La traducción bíblica no es simplemente un trabajo académico o lingüístico. Detrás de cada proyecto hay personas, comunidades y generaciones que necesitan escuchar el mensaje de Jesucristo de una manera que puedan comprender profundamente.
Por eso, CILTA busca entregar herramientas y capacitación para quienes desean participar en este ministerio especializado de traducción bíblica.
Una Biblia para cada pueblo
La pregunta inicial vuelve a nosotros:
¿Todos tienen acceso a la Biblia en su propia lengua?
La respuesta nos desafía.
Mientras nosotros podemos escoger entre numerosas traducciones de la Biblia, existen comunidades que todavía esperan que alguien llegue con las Escrituras en la lengua que conocen desde niños.
La prédica de Francisco Linares nos recuerda que Apocalipsis 1:3 no es solamente una invitación a leer la Biblia; también es un llamado a hacer posible que otros puedan leerla, escucharla y guardarla.
🎥 Te invitamos a ver la predicación completa y descubrir por qué la traducción bíblica es mucho más que cambiar palabras de un idioma a otro: es participar en una misión para que personas de todas las naciones, pueblos y lenguas puedan conocer y adorar a Cristo.
Quizás la próxima vez que abras tu Biblia, la pregunta ya no será solamente “¿qué versión prefiero?”, sino “¿quién todavía está esperando tenerla en su propia lengua?”
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