Acaz: cuando adoramos a Dios a nuestra manera

◙ Tema expuesto por el pr Sami Parada…

Imagina que alguien entra a tu casa sin permiso y comienza a reorganizarla.

Mueve los muebles, cambia las cosas de lugar, ocupa tu sillón y decide qué debe permanecer y qué debe salir.

Seguramente no tardarías en decirle: “Esta es mi casa.”

Al acercarnos a 2 Reyes 16 encontramos a un rey que, de alguna manera, hizo algo semejante con las cosas de Dios.

Acaz decidió que podía modificar aquello que Dios había establecido.

Y su historia nos deja una pregunta muy seria:

¿Estamos adorando a Dios como Él quiere o como nosotros queremos?

Acaz ignoró lo que Dios había establecido

La Biblia comienza diciendo algo muy claro acerca de Acaz:

no hizo lo recto ante los ojos del Señor.

Adoptó prácticas de otros pueblos, ofreció sacrificios en lugares que Dios no había establecido e incluso hizo pasar a su hijo por fuego.

No se trataba simplemente de que Acaz tuviera una forma diferente de expresar su espiritualidad.

Dios había hablado.

Había establecido cómo debía adorarlo su pueblo, dónde debían realizarse los sacrificios y qué prácticas debían rechazar.

Acaz conocía esa revelación, pero decidió hacer las cosas de otra manera.

Y allí encontramos la primera advertencia: no podemos reemplazar la Palabra de Dios por nuestras preferencias.

Cuando dejamos de confiar en Dios

Acaz enfrentó una situación política y militar muy compleja.

Siria e Israel amenazaban a Judá.

¿Y qué hizo?

En lugar de confiar en el Señor, buscó la ayuda de Tiglat-pileser, rey de Asiria.

Le dijo:

“Yo soy tu siervo y tu hijo.”

Incluso tomó plata y oro de la casa del Señor para enviárselos como presente.

Su confianza había cambiado de lugar.

Y cuando nuestra confianza cambia, muchas veces también cambia nuestra adoración.

Acaz comenzó a mirar hacia afuera buscando aquello que pudiera resolver sus problemas.

El altar de Damasco

Después ocurrió algo todavía más revelador.

Acaz viajó a Damasco y vio allí un altar que llamó su atención.

Le gustó.

Entonces envió el diseño al sacerdote Urías para que construyera uno igual en Jerusalén.

Cuando regresó, comenzó a sacrificar allí y desplazó el altar de bronce que Dios había establecido.

La imagen es fuerte.

Acaz puso su altar donde estaba el altar de Dios.

Eso representa muy bien lo que ocurre cuando comenzamos a relacionarnos con Dios según nuestros propios criterios.

Podemos decir:

“Yo pienso que esto está bien”.

“Yo siento que debería hacerse así”.

“Esto funciona mejor”.

“Esto resulta más atractivo”.

Pero ninguna de esas frases tiene más autoridad que la Palabra de Dios.

¿Qué altares estamos poniendo nosotros?

La historia de Acaz no habla solamente de un rey antiguo.

También nos obliga a mirar nuestra propia casa.

¿Qué estamos poniendo delante de nuestra familia?

¿Qué están recibiendo nuestros hijos?

¿Qué ocupa nuestro tiempo?

¿Qué lugar tiene la Palabra de Dios en nuestro hogar?

Podemos llenar nuestra casa de cosas buenas y, sin darnos cuenta, desplazar aquello que debería ocupar el centro.

Por eso necesitamos preguntarnos no solamente qué estamos agregando, sino también qué estamos quitando para hacer espacio a otras cosas.

También la iglesia debe hacerse esta pregunta

La misma reflexión alcanza a la iglesia.

No somos libres para definir la iglesia según nuestros gustos.

La Escritura nos enseña cómo debe conducirse la casa de Dios.

La predicación, la oración, la comunión, el servicio y la adoración no necesitan ser reinventados según las preferencias de cada generación.

La iglesia está llamada a ser columna y baluarte de la verdad.

Por eso nuestra pregunta no debería ser solamente:

“¿Nos gusta?”

“¿Funciona?”

“¿Atrae personas?”

Sino principalmente:

“¿Esto es fiel a lo que Dios ha dicho?”

No a nuestra manera, sino a la suya

La historia de Acaz termina recordándonos algo fundamental: la verdadera adoración comienza cuando dejamos de colocarnos nosotros en el centro.

No necesitamos inventar nuestro propio camino hacia Dios.

Cristo ya abrió el camino.

Nuestra respuesta es acercarnos a Él, escuchar su Palabra y aprender a vivir conforme a ella.

Te invitamos a ver esta predicación completa del pastor Samuel Parada sobre 2 Reyes 16 y a considerar una pregunta que vale la pena llevar a nuestro corazón:

¿Estoy adorando a Dios como Él quiere o simplemente a mi manera?

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